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Restauración y conservación de pintura sobre cobre

Las láminas de cobre fueron utilizadas por los pintores flamencos porque les ofrecía una ventaja para su técnica pictórica: la veladura, ésta consistía en la aplicación de pigmentos preparados con aceite secante, superpuestos en finas capas sucesivas hasta alcanzar las tonalidades deseadas, originando luces y sombras en sutiles transiciones y dando profundidad a las obras.


Fotografía inicial antes de la restauración, oxidación del cobre y pérdidas de pintura


Fotografía final después de la restauración, pintura sobre cobre


La solidez de las láminas de cobre permitia a los artistas flamencos simplificar los procedimientos con los que preparaban los paneles ya que los soportes de madera debían ser alisados y encolados para cubrir la porosidad e irregularidades propias de la madera.

El uso de láminas de cobre para pintura al óleo facilitaba la preparación de la plancha y la técnica pictórica. Este ahorro de recursos les permitió aumentar su producción, con lo que lograron responder con más rapidez a la creciente demanda del mercado del arte.


Fotografía inicial detalle antes de la restauración


El soporte de cobre ,así como otros soportes de metal, vive su apogeo a finales del siglo XVI y mediados del siglo XVII , tanto en el norte como en el sur de Europa.

Sin embargo, en Europa la pintura sobre cobre comenzó a decaer a partir de 1650. Los costes y la flexibilidad y peso del soporte se hacían poco adecuados para las nuevas tendencias pictóricas de la época. Además, con el desarrollo de la industria textil se popularizó el uso de las telas, que demostraron ser mucho más prácticas y accesibles que los paneles de madera y las láminas metálicas, porque eran ligeras, portátiles, baratas y aptas para todo tipo de formato, sobre todo aquellos de grandes dimensiones.

Los óleos sobre cobre fueron buscados y apreciados tanto por la Iglesia y la nobleza como por la emergente burguesía. El material permitía diferentes formatos : rectangulares, ovalados, circulares, que, al igual que su tamaño, era elegido por el artista.

El uso de cobre como soporte para obras de arte convivió en Flandes con paneles de madera y telas. Tanto la calidad como el precio eran controlados en Flandes por el gremio de San Lucas, el que reunía a pintores. El gremio vigilaba la calidad de las placas igual que hacía con los paneles de madera, certificándolas con sellos que aún pueden distinguirse en el reverso de algunas obras.


Fotografía inicial detalle antes de la restauración


El cobre puede ser dañado por diferentes agentes, entre los que destacan las deformaciones por golpes o el peso del soporte y la corrosión.

Frente a la presión, el cobre presentará un comportamiento elástico. Las manipulaciones bruscas y golpes, o los sistemas de montaje defectuosos, puede hacer surgir deformaciones en la plancha. El impacto o golpe causa una deformación irreversible que arriesga la estabilidad de los estratos , provocando fisuras y desprendimientos de la capa pictórica.

El grosor de la lámina determinaba muchas veces el tamaño de la obra. Las de pequeña dimensión eran generalmente muy finas, mientras que aquellas más grandes necesitaban un espesor que fuera capaz de sostener su propio peso. Dependiendo de su tamaño, algunas planchas eran fijadas a bastidores de madera con clavos de hierro forjado para darle estabilidad.

El cobre es un conductor térmico que reacciona frente al aumento de temperatura. No obstante, las dilataciones o contracciones son muy reducidas si lo comparamos con la madera o tela.


Fotografía detalle antes de la restauración, oxidación de la plancha de cobre


La corrosión activa puede detectarse por la aparición de un polvillo verde en la superficie del metal llamado carbonato básico de cobre, afectando no solo al aspecto estético del cobre sino que también disminuye su dureza, maleabilidad y ductilidad, produciendo pérdidas de material. Este fenómeno es peligroso sobre todo cuando se desarrolla entre el soporte metálico y las capas pictóricas, porque produce focos de corrosión que emergen hacia la superficie oscureciendo la pintura, empujando y causando levantamientos y pérdidas. Esta corrosión es bastante frecuente en la pintura sobre cobre.